Voluntariado y Acción Social

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MISIONES EN ETIOPÍA (2014)

Querido amigo, estaba deseando poder compartir contigo lo que ha supuesto para mí Addis Abeba después de dos viajes con un mismo telón de fondo, la pobreza.

He conocido personas, tanto farangis (“blanco”) como etíopes que me han hecho crecer interiormente y asombrarme cada día más de la belleza que reside en la dignidad humana. También he visto la pobreza, la tristeza, el abandono, la soledad, la enfermedad y el sufrimiento en los ojos de muchos etíopes.

Todo lo que he visto, oído y sentido estos últimos 20 días ha hecho que cada vez me sienta más en deuda con este país. Y digo en deuda porque Etiopía siempre me descubre una forma de ser, una actitud ante la vida que me hace plenamente feliz. Ésta parte del desapego, del vaciarnos, empezando por lo material y acabando por nuestros propios intereses, para poder entregarnos por completo.

Sólo cuando eliminas todo aquello que te sobra, lo superficial, se deja ver la esencia de la humanidad; el Amor, al que nadie es indiferente.

En este segundo viaje he sido consciente de mis debilidades que me impiden ser tan feliz como lo soy en Etiopía. Creo que dos años después, donde he podido masticar todo lo vivido, interiorizarlo y madurarlo, ha llegado el momento de empezar a romper barreras.

Se que compartes conmigo las ganas por cambiar este mundo. Y te doy las gracias por poder hablarte desde el corazón. Cada uno de nosotros llevamos en el corazón el mensaje que grita Addis Abeba, y aun que haya épocas en las que intentemos rehuirlo, éste siempre sale a flote: el mundo necesita de más amor!

MISIONES EN BRASIL (2013)

Gracias por enseñarnos a creer que todo el mundo puede hacer de su vida algo extraordinario.

Gracias por mostrarnos la alegría de sentirnos amados por Dios.

Gracias por ser un ejemplo de superación y enseñarnos que todos merecemos una segunda oportunidad.

Gracias por mostrarnos el poder de una sonrisa y la fuerza de una canción.

Gracias por vuestra amistad, entusiasmo, disponibilidad, alegría y amor en todo lo que hacéis.

Gracias por dejarnos ver a Dios a través de vuestros ojos.

Gracias por enseñarnos que cada trabajo, por pequeño e insignificante que parezca, debe ser hecho con gran dedicación.

Gracias por enseñarnos lo que de verdad importa en la vida.

Gracias por mostrarnos que en medio del dolor, del sufrimiento y de la oscuridad, Dios sale a nuestro encuentro para enseñarnos que todos tenemos una misión.

Gracias por mostrarnos que la vida vale la pena. Y que debemos levantarnos después de cada fracaso; que todos los días podemos volver a empezar.

Nosotros vinimos a ayudaros, pero hemos sido ayudados por vosotros; vinimos para dar amor y nos sentimos amados; vinimos para intentar cambiar cosas y vosotros habéis cambiado nuestras vidas.

Vosotros seréis para nosotros un ejemplo de luz, esperanza y amor.

Nuestra amistad será para siempre.

Voluntarios españoles

Brasil. Julio 2013

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MISIONES COVAS DO MONTE (2012)

Nuestro destino en este caso fue Covas do Monte, en Portugal; una aldea bastante alejada de Viseu, la ciudad más cercana. El objetivo consistía en restaurar y, en algunos casos, reconstruir siete edificios.

Cada uno de ellos tenía una problemática y un uso completamente diferentes por lo que tuvimos la suerte de trabajar con un poco de todo. El molino, que presentaba humedad y carcoma; la escuela y el espigueiro, trabajando con la pintura y embellecimiento de la madera; la azanha y el cabril con la limpieza de la piedra que había quedado escondida bajo la tierra y la colocación de nueva estructura y tejado de pizarra.

Por último, las casas de doña Lucinda e Irene. Éstas necesitaron mucho trabajo porque tan sólo disponíamos de cuatro paredes ennegrecidas por el fuego y un agujero en el suelo que utilizaban como baño. El resultado fue impresionante y la satisfacción que recibimos al acabar, mayor.

Una de las preguntas que nos hicimos al llegar allí fue ¿Por qué? Nadie de la aldea entendía el porqué de esta iniciativa, donde 50 jóvenes llegamos de buenas a primeras para mejorar sus vidas de forma gratuita. En tan sólo diez días, conseguimos nuestro objetivo, y además, conocimos una vida completamente diferente a la que llevamos en Madrid.

El tiempo allí parecía ir más lento, marcado tan sólo por el campanario, nada de tecnologías, sólo naturaleza. “Un auténtico paraíso para aquel que tiene billete de vuelta”, como nos decía uno de los más jóvenes. La dureza del trabajo en el campo marcaba el carácter de los aldeanos, personas que parecían impasibles ante cualquier contratiempo, a sus gestos les sobraba experiencia pero les faltaba vida.

Lo que nos llevamos de esta aventura no es sólo ver y aprender aquello que hemos estado estudiando a lo largo de la carrera a través de planos, sino entender de una manera directa el fin de nuestra labor como arquitectos que es intentar mejorar la calidad de vida de las personas.

Ana Pereda, Elena Triguero, Marina Carrasco y Carmen Gª del Salto.